Mes: octubre 2021

Me rechazan en el instituto

“En clase me rechazan: no quiero ir al colegio/ instituto”

Si vuestro/a hijo/a os confiesa que es rechazado/a o intimidado/a en el colegio o instituto, seguramente ya ha hecho todo lo posible por resolver el problema por su cuenta. Es probable que lleve tiempo sufriendo este rechazo hasta llegar a un punto de no ver otra salida que contároslo. A menudo, a las víctimas de acoso escolar les resulta muy difícil tomar esta decisión, ya que sienten vergüenza o temen que esta confesión les lleve a agravar más la situación. Puede ser por el miedo a las represalias o simplemente por el hecho de “quedar como un chivato/a”.

Si os interesa saber más sobre el acoso escolar y cómo ayudarles, no dejes de leer este artículo.

¿Qué es el bullying?

bullying

La palabra inglesa bullying es el término que se suele utilizar para describir el tipo de acoso o intimidación que un alumno o alumna está expuesto de forma reiterativa y constante a acciones negativas por uno/a o varios/as compañeros/as.

No se trata de los típicos altibajos en las relaciones entre alumnos/as que se dan especialmente en la preadolescencia o adolescencia. Ni tampoco de pequeñas peleas o conflictos surgidos en el juego libre del patio del colegio. Son auténticos malos tratos, que pueden llegar a tener consecuencias muy dañinas para quien las sufre, generalmente en silencio y en soledad.

¿De qué tipo de malos tratos/ bullying estamos hablando?

Los malos tratos se producen mayoritariamente en el recinto escolar, en el patio, en la clase, en los pasillos y, en menor medida, en la salida o fuera del colegio. Suelen ser silenciados por otros/as compañeros/as (observadores pasivos o activos). Normalmente no se atreven a intervenir en defensa de la víctima por temor a que les pueda ocurrir lo mismo. Pueden ser de varios tipos:

  1. Verbales:  insultos, amenazas, humillaciones, vejaciones, etc.
  2. Físicos: patadas, golpes, zancadillas, pinchazos, empujones, destrozos de objetos propiedad de la víctima, etc.
  3. Sociales:  exclusión del grupo, no dejándoles participar directa o indirectamente, difusión de rumores y calumnias, difusión de fotos y vídeos íntimos o humillantes de la víctima.
  4. Psicológicos: Manipulación o chantaje emocional, gestos de desprecio, mentiras y agresividad dirigidas a la víctima.

¿Cómo detectar si tu hijo/a sufre malos tratos en el colegio o instituto antes de contarlo?

Algunos indicios pueden ayudar a detectar un caso de malos tratos entre iguales:

  1. Síntomas físicos: moratones, rasguños y heridas que el niño/a o adolescente no llega a explicar con claridad o lo hace con excusas y justificaciones poco claras (“me he caído, resbalado, me he chocado sin querer con… no sé cómo ha podido ser, no me he dado cuenta, déjame en paz que no es nada…”). Dolores de cabeza, estomacales o de otro tipo cuya causa no es clara y no tiene un origen médico o biológico (enfermedad, infecciones, etc.).
  2. Ropa rasgada, sucia, estropeada, etc.
  3. Cambios en el estado de ánimo sin causa aparente: apatía, tristeza, fatiga, inapetencia, accesos de rabia o ira, llanto incontrolado, irascibilidad, miedo a ir al colegio, etc.
  4. Aislamiento social y familiar: no quiere ir con amigos/as y rehúye las relaciones familiares.
  5. Empeoramiento de su rendimiento escolar: aumento de incidencias negativas, despistes en la entrega de trabajos y tareas, suspensos, déficit de atención y falta de concentración, etc.
  6. Cambio de ruta o excusas para ir por otro camino al colegio o instituto.

¿Qué podemos hacer para ayudarles a frenar el bullying?

Desde el momento en que detectamos un posible acoso escolar en nuestro/a hijo/a o una vez que se decide a expresarnos lo que le está ocurriendo, necesita:

  1. Saber que le escuchamos, entendemos y creemos de forma incondicional. Nuestra escucha deber ser activa, sin juicio ni reproches, dejando ese espacio para que exprese libremente y sienta que somos su lugar seguro.
  2. Transmitirle seguridad y confianza. Que sepa que nos vamos a ocupar del problema, que ya no está solo/a y que le vamos acompañar emocionalmente en todo momento.
  3. Hablar con frecuencia del problema: de todo lo que suceda, progresos o recaídas y de cualquier novedad o incidencia relacionada con él.
  4. Ayudarle a adquirir herramientas de comunicación verbal y no verbal para protegerse y defenderse de manera firme y asertiva.
  5. Ayudarle a recuperar la confianza en sí mismo/a, a potenciar su autoestima y su valía personal.
  6. Hacerle partícipe de las decisiones sobre lo que hay que hacer y los pasos a seguir para frenar el acoso. Escuchándole atentamente y expresándole comprensión en todo momento.
  7. Evitar alterarse o enfadarse con él o ella, sentirse culpables o culparles por lo sucedido, restar importancia al problema, responsabilizar al colegio o instituto, etc.
  • Pedir ayuda profesional: contar con un equipo interdisciplinar de psicólogos/as, orientadores/as del colegio y trabajadores/as sociales e incluso ayuda policial si fuera necesario.
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¿Cuáles son las medidas que podemos tomar?

Una vez conocida la situación no se debe intentar solucionar por nuestra cuenta el problema y mucho menos con los/las agresores/as ni con sus progenitores. Esto agravaría la situación además de sentirse más avergonzados/as o culpables. En cambio, se pueden tomar otras medidas:

  1. Comunicarnos con el colegio o instituto una vez que se tenga clara la situación para que juntos puedan poner en marcha una serie de medidas para poner fin al acoso.
  2. Expresar de manera tranquila, clara y ordenada la información que se dispone al personal del centro (director/a, tutor/a, jefe/a de estudios, etc.).
  3. Hacer saber que deseamos colaborar con la búsqueda de soluciones.
  4. Preguntar sobre la normativa interna del centro en materia de acoso escolar entre los alumnos/as, algo que la mayoría de colegios e institutos han desarrollado.
  5. En última instancia, y si sus iniciativas no consiguen avanzar en la solución del problema, denunciar el caso.
  6. En ningún caso dejar pasar el asunto. El acoso escolar continuado constituye un hecho grave, con graves consecuencias sobre la salud física y mental de los/las menores y en algunos casos sufre sus efectos durante mucho tiempo, llegando incluso al suicidio. Algunos niños, niñas y adolescentes han llegado a afirmar que ser objeto de malos tratos por parte de los/las compañeros/as es lo peor que les ha pasado en su vida.

Conclusiones

Es muy importante animar al niño/a o adolescente a que cuente todo lo que quiera sobre lo sucedido con el fin de tener una idea exacta. No hay que olvidar que lo que estáis escuchando probablemente sólo sea una parte de lo ocurrido. Podéis hacer preguntas con suavidad y delicadeza, con un tono cercano y empático, ayudándole a reflexionar y a decidir qué hay que hacer para resolver la situación. Es muy importante averiguar qué ocurrió, quién estuvo implicado/a, dónde ocurrieron los hechos, cuándo y quiénes fueron testigos.

Pedir ayuda profesional es fundamental para prevenir y actuar cuanto antes en las consecuencias derivadas del bullying. Por ello, proponerle que asista a programas de desarrollo de habilidades sociales y emocionales donde se les ayude a afrontar con eficacia situaciones de acoso escolar: a defenderse de forma asertiva y firme sin sentir miedo o angustia. En próximos artículos, abordaremos la problemática del bullying de forma más detallada con el fin de daros pautas para ayudar a vuestros hijos e hijas a superar esta difícil y dolorosa situación.

En SIpsicología ofrecemos un servicio de terapia infantojuvenil y familiar especializada en problemas de acoso escolar, además contamos con un programa de entrenamiento de habilidades sociales y emocionales para adolescentes a través de un taller continuo de teatro e improvisación.

¡Para más información contactad con nosotros!

Crisis de pareja después de vacaciones

¿Cómo combatirla? En la actualidad cada vez son más numerosos los casos de separación y divorcio de parejas después de las vacaciones. La mayoría de estas crisis comienzan en el periodo vacacional produciéndose la ruptura una vez acaba éste. Los datos están ahí, la mayor parte de las demandas de divorcio se presentan en el mes de septiembre.

¿Qué es lo que pasa en estos meses que tanto daño hacen a las relaciones? ¿Por qué aumenta tanto la incidencia de rupturas en este periodo? ¿Te encuentras en esta crisis o en el inicio de un enfriamiento emocional? Toma nota, sin duda este artículo te va a interesar.

crisis pareja

¿Por qué aumenta la incidencia de rupturas en la pareja después del periodo vacacional? Tiempo de crisis de parejas

Muchos son los factores que intervienen en la incidencia de crisis y rupturas en la pareja después de las vacaciones, veamos algunos de ellos:

¿Demasiado tiempo juntos?

  • Es un periodo donde pasamos más tiempo juntos y que además solemos compartir con más familia (familia de origen y familia política), esto supone tener que decidir y organizar los planes del día a día. Durante el resto del año, cada miembro de la pareja suele estar ocupado con las labores diarias y las horas compartidas suelen ser escasas y normalmente al final del día, con el consiguiente cansancio y agotamiento. Cuando llegan las vacaciones, la pareja empieza a compartir más momentos juntos. Es aquí donde aparecen la monotonía, la rutina, problemas en la comunicación y una serie de conflictos que comienzan a descubrirse o destaparse debido a la inexperiencia en su resolución, la falta de habilidades para afrontarlos en equipo y la toma de decisiones juntos.

Expectativas idílicas

  • En el paréntesis vacacional salimos de la rutina y del estrés que caracterizan al resto de meses del año, en definitiva, solemos crearnos unas expectativas idílicas y en algunos casos muy ambiciosas con respecto a las vacaciones y el momento de compartir con la pareja. El problema es que en muchas ocasiones estas expectativas no se ven satisfechas.

Diferencias de opiniones a la hora de disfrutar las vacaciones

  • Tener ideas muy diferentes de cómo disfrutar un periodo vacacional (“playa o montaña”) tampoco ayuda a que funcione, esta falta de conexión y de complicidad deteriora aún más la relación y hace más difícil la convivencia. La consecuencia final es que ninguno de los dos miembros está satisfecho por no haber disfrutado esos días de descanso. 

Problemas previos a las vacaciones

  • Si la relación no funcionaba bien antes de las vacaciones, lo de pasar tanto tiempo juntos no lo soluciona, más bien lo agrava. La convivencia es más larga e intensa, los problemas están ahí y su aparición se hace más frecuente (no hay tanta posibilidad de “escape” o distracción), es más difícil mirar “para otro lado” por lo tanto, es un periodo donde se ve claramente la calidad de la relación. No todas las parejas se van de vacaciones en las mismas condiciones, existen parejas que no están pasando por su mejor momento, ya existía distanciamiento aunque vivían juntas y prácticamente ya hacían su vida por separado. Creen que ese distanciamiento se solucionará pasando más tiempo juntos, pero sin saberlo se encuentran en un error porque al llegar las vacaciones afloran todas las discusiones y reproches que llevan guardadas tanto tiempo.

Con tu familia o con la mía

  • Tener la disyuntiva entre “en tu familia o en la mía”. El simple hecho de planificar qué días se pasarán con las familias puede desencadenar un conflicto y condicionar negativamente el desarrollo de las vacaciones. Sea cual sea la elección uno de los dos miembros sale perjudicado.

Discusiones “por y con” los hijos/as

  • Los problemas de convivencia cuando hay hijos/as se hacen más intensos porque pasan más horas juntos: las discrepancias en su educación, los límites, horarios, hábitos de sueño y alimentación, etc., aumentan la tensión, las discusiones y conflictos familiares, sobre todo cuando uno de los miembros de la pareja no está acostumbrado a pasar tiempo con ellos/as.

Diferencias individuales en las rutinas

  • El estrés del día a día en el resto del año muchas veces no se hace visible por las innumerables obligaciones a las que estamos sometidos, pero cuando existe más tiempo libre para disfrutar de la pareja y disponemos de muchas horas sin obligaciones, puede ser un auténtico “volcán en erupción”. Se pueden dar situaciones que pongan al límite la paciencia del otro sin percatarse que es algo que hace durante todo el año sin causar ningún tipo de molestia, por ejemplo: tener distintos ritmos a la hora de levantarse, comer, visitar sitios, hacer deporte, caminar, etc., y en general, diferentes costumbres que pueden llegar a ser muy irritantes para la otra persona.
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¿Qué podemos hacer para prevenir una crisis en la pareja durante las vacaciones?

Aunque ya ha pasado el verano y nos quedan meses para volver a tener un largo periodo vacacional, no queremos dejar de daros algunos ingredientes que os pueden ayudar a tener unas futuras vacaciones en pareja más positivas y placenteras:

  1. Planificarlas juntos con tiempo suficiente de antelación: expresad qué queréis cada uno e intentad llegar a puntos de encuentro si las necesidades son muy diferentes. Que no haya siempre uno que ceda y otro que imponga.
  2. Encontrad planes que os ilusionen, esto es básico: la ilusión es fundamental para que la relación no caiga en la monotonía y en la rutina (causas muy frecuentes en la ruptura). Dedicad un tiempo a hablar sobre vuestros sueños, deseos y planes juntos.
  3. Intentad no hablar en este tiempo de trabajo, problemas económicos u otros problemas diarios. Descansad de ellos y dedicarles el mínimo tiempo.
  4. Distribuid el tiempo: que haya para todo y para todos (actividades, ocio, descanso, tiempo con los hijos e hijas, etc).
  5. Encontrad momentos exclusivos en pareja donde lo que prime sea cuidar la relación (cenas, paseos, momentos a solas cuando los hijos se van a dormir, etc.). Sin tecnologías que os distraigan y os desconecten del otro (móviles, tablets, televisión, etc.).
  6. Evitad que las vacaciones se reduzcan a pasar todo el tiempo con las familias (de origen o política). Necesitáis tiempo juntos y para ello es fundamental separar los tiempos que dedicáis a cada una de ellas.
  7. Encontrad momentos solos, donde podáis pasear, meditar, disfrutar de vuestras aficiones y gustos, hacer ejercicio o cualquier actividad en solitario. Es importante diferenciar el tiempo individual del tiempo compartido.
  8. Practicad una buena comunicación: dedicaros tiempo para escucharos y entender lo qué piensa el otro, comprender cómo os sentís cada uno. Es necesario daros ese espacio donde ambos podáis compartir vuestras ideas, sentimientos, pensamientos, opiniones, sueños y deseos. Sin juicio ni reproches. Hacedlo desde la comprensión, la empatía y el cariño.

Buscar ayuda para solucionar la crisis de pareja: Terapia de pareja

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Después de las vacaciones, aumentan las demandas de terapia de pareja, ya que son muchas las relaciones que no resisten la convivencia juntos tantos días. Aunque suelen ser el detonante de la crisis, la realidad es que gran parte de estas parejas ya tenían dificultades previas, lo que hacen las vacaciones es destaparlas.

En nuestras sesiones de terapia de pareja vemos que las complicaciones y las crisis ya tenían un origen anterior en el tiempo. Si tenéis dudas o estáis en crisis no dudéis en buscar ayuda profesional antes de tomar decisiones, podemos ayudaros a reflexionar de forma pausada y sosegada la decisión de iniciar o no un proceso de separación o divorcio o apostar por seguir construyendo juntos y solucionar vuestra crisis de pareja.

En este proceso es muy importante la comunicación, por lo que es esencial respetar al otro miembro de la pareja, comprenderlo, utilizar la empatía y la valoración de sus opiniones. Realizar este camino de mejora permite a la pareja crecer y construir un futuro juntos, mejorar el bienestar personal de forma individual y en la relación compartida.

En muchas ocasiones vemos parejas rotas que no se deciden a dar el paso por sus hijos: esto sólo lleva a empeorar las cosas a todos los miembros de la familia en general y a los pequeños/as en particular. Las consecuencias que tiene para los hijos/as vivir y crecer en un hogar donde los adultos no quieren estar juntos, donde los conflictos son constantes y la convivencia está rota, son demoledoras.

Los padres y las madres somos el espejo donde se miran nuestros hijos e hijas. En próximos artículos hablaremos de estas consecuencias y de cómo afectan a su desarrollo.

En Sipsicología contamos con profesionales muy cualificados especialistas en terapia de pareja y familiar. Os ayudamos a mejorar vuestra relación de pareja y si finalmente decidís dar el paso para vuestra separación o divorcio, os acompañamos en el proceso.

Para más información llámanos al teléfono: 644636018

O escríbenos al mail: falta.

¿Y si quedamos para escucharnos?

El arte de escuchar de manera activa y empática.

¿Sueles escuchar? En una reunión con amigos/as te han invitado, hay quien cuenta “batallitas”, anécdotas, otras personas  expresan quejas, otras sus éxitos recientes, otras sus experiencias en el trabajo, con la pareja, etc. Todo el mundo está ahí, ansioso por hablar, por contar su historia. De pronto te das cuenta de que nadie se está escuchando. Mientras las conversaciones siguen te das cuenta de que los ojos de la gente están distraídos, mirando  hacia otro lado, vagando… Probablemente están ensayando sus propios comentarios, el encuentro parece ser un éxito pero la gente se va a casa sin haberse escuchado ni conocido.

Escuchar es una técnica esencial para hacer y mantener amistades, lazos familiares y laborales. Si eres una persona que escucha bien, notarás que el resto de las personas que te escuchan también se ven atraídas por ti, las amistades confían más en ti y tus relaciones se hacen más profundas. El éxito aumenta porque escuchas y entiendes a la gente: sabes qué le ofende y enfada, qué le gusta y fascina, qué le duele y a qué temen. Les conoces más y mejor.

Pero aunque escuchar parece una tarea fácil, no lo es. Vivimos en un mundo de prisas, estrés, obligaciones y nuevas tecnologías que hacen muy difícil pararse a escucharse. En este artículo hablamos de la importancia de la escucha activa y de cómo potenciarla.

 ¡No te lo pierdas!

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Escuchadores verdaderos frente a pseudo-escuchadores

Es peligroso no escuchar. Pierdes informaciones importantes y no ves venir los problemas. Cuando intentas comprender por qué la gente hace las cosas tienes que leerle el pensamiento y adivinar lo que dice para rellenar las lagunas de tu escucha. Escuchar significa saber cómo se sienten los demás y cómo ven el mundo, y esto quiere decir poner a un lado tus prejuicios y creencias, tus ansiedades y tu interés personal. Escuchar significa decir a los demás: “Me importa lo que te pasa, tu vida y tus emociones son importantes”, y además tiene camino de vuelta: los demás responden a tu disponibilidad para escuchar demostrándote su amistad y cariño, les estás enseñando a escucharte.

El estar en silencio mientras la otra persona está hablando no siempre quiere decir que estemos escuchando realmente. Una verdadera escucha se basa en la intención y atención plena en hacer lo siguiente:

  • Querer entender y comprender a alguien
    • Disfrutar con alguien
    • Aprender algo de alguien
    • Ayudar o consolar a alguien

La clave para escuchar de verdad y realmente es querer y proponerse hacerlo. Lamentablemente muchas personas pseudo-escuchadoras hacen como si lo hicieran de verdad, pero su intención no es la de escuchar sino la de satisfacer otras necesidades como: hacer que la gente piense que está interesado para gustarle, estar pendiente de si va a ser una persona o no rechazada, escuchar sólo lo que le interesa filtrando lo demás, ganar tiempo para preparar su próxima opinión, escuchar a medias para que alguien le escuche, escuchar puntos débiles para aprovecharse de ellos, etc.

Pero no todo el mundo es pseudo-escuchador, se empiezan a mejorar las relaciones cuando las escuchas son reales, es decir, con la intención de entender, disfrutar, aprender y ayudar.

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Bloqueos a la hora de escuchar

Existe una serie de bloqueos a la hora de escuchar. Todo el mundo utiliza alguno de ellos, es normal y habitual que muchos se repitan y sean muy familiares. Aquí tienes la oportunidad de conocerlos y ser más consciente de ellos para evitarlos:

  1. Comparar: Significa estar todo el tiempo intentando evaluar quién es más inteligente, hábil, competente, etc., si tú o la otra persona. Hay gente que se centra en quién ha sufrido más, quién lo ha pasado peor, quien tiene más éxito, etc. No se puede asimilar muchas cosas porque estás demasiado pendiente en medir si estás o no a la altura.
  2. Leer el pensamiento: significa tratar de adivinar lo que la otra persona está pensando y sintiendo realmente. Esto hace que no prestes atención a lo que dice y tan sólo te centres en su tono de voz y gestos corporales tratando de llegar a la verdad. Te pierdes información porque estás todo el tiempo suponiendo cómo reacciona la gente frente a ti.
  3. Ensayar: No tienes tiempo de escuchar si estás todo el tiempo preparando lo que vas a decir y este ensayo acapara toda tu atención. Tienes que aparentar interés pero tu mente viaja mucho más lenta porque tienes tu propia historia que contar y toda una cadena de respuestas. Es lo que llamamos “escucha paralela”.
  4. Filtrar: Escuchar sólo algunas cosas y prestar atención sólo a los estados emocionales de la otra persona: ver si está o no enfadada, disgustada o incómoda contigo, o sentir que tú estás emocionalmente en peligro. Cuando hay seguridad de que no ocurre nada de esto, tu mente empieza a distraerse en otras cosas. Te desconectas de la otra persona.
  5. Juzgar: Etiquetar a la otra persona mientras habla (incompetente, aburrida, déspota, etc.). Esto provoca que no prestes atención a lo que dice, porque ya lo has clasificado y empiezas a reaccionar de manera inconsciente retirando tu atención. Una regla de oro es juzgar sólo después de haber escuchado el contenido del mensaje.
  6. Identificarse: Coger lo que la otra persona dice y relacionarlo con tus experiencias pasadas. Te lanzas en tu historia antes de que el otro haya terminado la suya. Todo lo que escuchas te recuerda algo que has sentido o te ha pasado e impide que llegues a escuchar de manera atenta y activa.
  7. Aconsejar: Estar siempre preparado para ayudar y aconsejar lo que tiene que hacer la otra persona antes de que termine de contarte su historia. Pero mientras estás preparando las sugerencias puedes perderte lo más importante. No llegas a conocer realmente lo que le pasa ni se va a sentir acompañada.
  8. Discutir: La otra persona nunca se siente escuchada porque enseguida saltas para rebatir su opinión queriendo imponer la tuya. Tu atención está centrada en buscar argumentos para no estar de acuerdo. Hacer callar a la otra persona es otra forma de discutir y de bloquear la escucha.
  9. Tener razón: Quiere decir que harás todo lo posible para evitar equivocarte: tergiversar, levantar la voz, poner excusas, hacer acusaciones, etc. No puedes escuchar las críticas y no te pueden corregir ni darte sugerencias para cambiar.
  10. Cambiar de tema: Descarrilar el tren de la conversación cuando ésta te aburre, te incomoda el argumento o te provoca ansiedad lo que se está hablando. Utilizas la broma, el sarcasmo o saltas con una ocurrencia que no tiene nada que ver con el tema de conversación.
  11. Agradar: Intentar ser amable, agradable, correcto y reconfortante para la otra persona para tratar de gustar e impresionar. Para ello, estás de acuerdo con todo. Puedes escuchar a medias, lo justo para darte cuenta de qué va la conversación pero nunca tienes una atención plena en ella.

Cuatro pasos para escuchar eficazmente:

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Escucha activa: Requiere tu participación y atención plenas. Para entender por completo el sentido de una comunicación tienes que hacer preguntas y retroalimentar. De este modo, en el toma y daca que sigue, entiendes y comprendes mejor el mensaje. Es necesario colaborar con toda tu presencia y tus cincos sentidos en el proceso de comunicación, dejando de hacer escuchas paralelas y cualquier otra cosa que interfiera en la misma.

Escucha empática: Escuchar con apertura mental, es decir, entendiendo el punto de vista de la otra persona aunque no estés de acuerdo y sea diferente a la tuya. Ser capaz de comprender cómo se siente aunque no te haya pasado a ti o no esté en consonancia contigo. La regla más importante para escuchar de manera empática es dejar que hable antes de juzgar lo que dice, evitando una evaluación prematura.

Escuchar con conocimiento: Comparando todo lo que se te ha dicho con tu conocimiento personal de la historia, de las otras personas y de los hechos. Todo esto sin juzgar, simplemente anotando cómo encaja la comunicación con los hechos conocidos. Otra forma es la de observar la coherencia entre el lenguaje verbal y no verbal: si el cuerpo, la cara y la voz  no concuerdan con las palabras, tu tarea como oyente es aclarar y reaccionar ante esta discrepancia, no te quedes con un mensaje confuso.

Escucha total: para escuchar de una forma total:

  • Mantén un buen contacto visual: mira a los ojos sin invadir ni distraer la mirada.
  • Inclínate ligeramente hacia adelante
  • Parafrasea lo que dice la otra persona
  • Haz preguntas para aclarar
  • Haz gestos y sonidos de asentimiento
  • Postura abierta y orientación dirigida a la persona que habla
  • Empatiza con sus emociones y sus puntos de vista aunque no estés de acuerdo con ellos.
  • En nuestros talleres de habilidades comunicativas podrás aprender técnicas de escucha activa muy útiles para mejorar tu comunicación. No dudes en pedirnos ayuda para seguir avanzando.

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