Cómo ayudarte a superar tu proceso de separación o divorcio

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En este artículo hablaremos de las implicaciones emocionales en un proceso de divorcio o separación. Conocer estas implicaciones puede ser de ayuda para quien necesite una guía o brújula en lo que, a veces, puede parecer un callejón sin salida de donde parece imposible salir.

1.Introducción

La separación o divorcio de una pareja es una situación de crisis y tensión que afecta a toda la familia. Es el momento de tomar decisiones importantes sobre qué hacer, de qué manera, cómo abordar la situación cuando hay hijos e hijas, cómo contarlo etc. Es un momento de cambios a nivel personal, familiar y social que afectarán de forma significativa a la vida de todos sus miembros, pudiéndose generar estrés y malestar emocional.

Cada proceso de separación puede ser diferente y hemos de tener en cuenta cómo se ha producido la misma, así como el nivel de relación existente entre sus miembros antes, durante y después. En estas situaciones de crisis, es también fundamental tener en cuenta cuál es el momento de la separación (antes, durante o después de la ruptura) que está experimentando la pareja. Estas diferenciaciones, nos permitirán adaptar nuestra intervención a las diversas características personales, familiares y sociales que se estén dando.

La mayor parte de las parejas que se separan viven un proceso de duelo real que abarca también a los hijos e hijas y en algunos casos a otros miembros de la familia que también participan. La misma separación tiene diferentes significados para cada miembro de la pareja, supone la ruptura de un equilibrio y conlleva el sufrimiento para la pareja. Los sentimientos que surgen en ambos miembros pueden ser muy distintos, pero para los dos es un momento de ruptura muy importante al que tendrán que adaptarse y donde muchas emociones van a entremezclarse. La rabia que se mezcla con la nostalgia y la pena inicial, para más tarde dejar paso a la melancolía, la desesperanza y el desamor. Y a todas éstas pueden añadirse otras como el odio, la culpa, los celos, la envidia y la necesidad o el deseo de controlar al otro.

Las diferencias individuales son en definitiva varias e igual de relevantes en ambas partes: no hay dos separaciones iguales ni dos personas que lo vivan de la misma forma. Sin embargo, científicos sociales han descubierto una serie de etapas en este proceso y comunes a todas las personas.

2. El duelo: fases y etapas de los estados emocionales tras una separación o divorcio.

Un divorcio es una experiencia dolorosa y desagradable para las partes afectadas, se trata de un proceso de pérdida y como tal, implica una etapa de duelo que podemos identificar como fases sucesivas y prototípicas de estado emocionales. Estas etapas suelen verse reflejadas en todas aquellas personas que atraviesan este proceso de separación.

Estas etapas no llevan un orden ni una duración determinada, de hecho, se pueden producir retrocesos y estancamientos en alguna de ellas. Esto es normal, cada persona tiene su ritmo y sus propias necesidades emocionales.

a. Etapa de Shock emocional:

Esta etapa se da principalmente cuando uno de los miembros de la pareja decide separarse y el otro no se lo espera o no es su deseo, aunque sea una relación conflictiva. Ante la noticia del divorcio, el dolor es tan intenso que la mente mantiene a la persona en un estado de entumecimiento, trance e insensibilidad temporal, como forma de protegerse ante tal dolor. Se trata de un mecanismo para poner freno a las emociones que aún no pueden ser afrontadas. Esta etapa puede durar desde unas horas, hasta días e incluso semanas.

b. Etapa de Negación:

Se produce cuando se empieza a tener conciencia de la realidad, es una actitud automática donde se resta importancia a lo sucedido y se mantiene la esperanza de que “esto pasará”, “es tan sólo un enfado”, “volverá seguro, volveremos a estar juntos”, etc. La negación puede alternarse con momentos en los que se siente una falta de control y no se entiende lo que sucede. La persona que pasa por esta etapa intenta normalizar como sino sucediera nada, retomando con ello rutinas, planes y proyectos, creando en la otra parte sentimientos de culpa, tristeza, rabia e impotencia.  Esta etapa es variable en su duración, pero poco a poco se empieza a aceptar que el divorcio es definitivo.

c. Etapa de Caos emocional o “montaña rusa”:

A medida que se va aceptando que el matrimonio ya se terminó se empieza a revisar todo lo esto significa:

  • Reconociendo la pérdida de la relación y de lo que implicaba ésta
  • Los proyectos, planes y sueños de vida juntos
  • Los buenos tiempos y momentos compartidos
  • Pérdida de la intimidad
  • Las vivencias juntos con los/las hijos (embarazo, nacimiento, crianza, etc.)
  • Cambios en la situación económica, familiar, social, etc.
  • Conflictos pasados, peleas y situaciones difíciles, etc.
  • Sensación de fracaso de un proyecto común

Esta situación provoca una amalgama de emociones, todas ellas muy intensas y variadas, que pueden durar días, semanas y meses o pueden cambiar rápidamente, provocando que, en un mismo día, se pase de una a otra rápidamente. Estos cambios repentinos y la sensación de la pérdida de control pueden ser muy angustiantes, aunque son circunstancias absolutamente normales.

Basta un recuerdo, un comentario, una foto por parte de una persona cercana (familiares, hijos/as, amigos/as, etc.), para liberar toda una serie de pensamientos y emociones muchas veces contradictorios.  También ayuda a liberar sentimientos reprimidos que de otro modo permanecerían encerrados como una bomba de relojería emocional.

¿Qué tipo de emociones surgen en este periodo?

  • La rabia: contra la pareja por el sufrimiento que está causando a la otra parte o por no haber evitado la ruptura, y rabia contra sí mismo/a, por no haberse dado cuenta de lo que iba a suceder o no haberlo impedido.
  • Tristeza: por la pérdida de la pareja, ruptura de la relación, por la situación de los/las hijos/as, por la ausencia de la intimidad, por sentir que todo se ha acabado, por sentir que no somos lo suficiente, sentir poca validez, etc.
  • Miedo o angustia: ante un futuro desconocido y difícil, los problemas que hay que resolver, el rechazo o la valoración de las personas que rodean a la pareja y ante el futuro de los/las hijos/as (cómo lo van a afrontar, qué secuelas van a tener, cómo va a ser su futuro, etc.), situación económica y reorganización de la vida en general.
  • Culpa: por haber hecho ciertas cosas o no haberlas llevado a cabo y por dolor que viven los/las hijos/as, los familiares y la propia pareja. Culpa por haber causado daño o por no haber podido poner fin antes, etc.  
  • Vergüenza: por haber “fallado” ante las propias expectativas de futuro en pareja y las de la sociedad.
  • Alivio:  porque ya se acabaron los conflictos, las dudas, los gritos, insultos, desencuentros, etc.

No existe un orden lógico para la aparición, intensidad y duración de estas emociones, cada una puede durar horas, días, semanas o meses y en un mismo día pueden variar. Esta falta de control y estabilidad es normal, cualquier cosa que recuerde a la pareja y al proyecto fallido de la relación puede disparar una emoción muy intensa. Poco a poco se vuelven más estables y así, finalmente, un recuerdo agradable puede resultar más sencillo de superar que antes.

En ocasiones se requiere una ayuda profesional para superar este periodo tan tormentoso. No siempre es fácil transitar por él sin quedarse atacado/a, de ahí la necesidad de un buen acompañamiento psicológico.

  • Etapa de aceptación:

Es la etapa donde empieza a ver una aceptación y entendimiento de lo que está pasando. La persona en esta etapa empieza a poder estructurar su mundo y a tomar decisiones con más lógica y distancia emocional. Aunque siga existiendo momentos de malestar, estos ya no son tan intensos ni tan duraderos. Existen más periodos de tranquilidad y bienestar, y se comienza a reorganizar la vida.

Es importante reflexionar, tomar distancia y tomar decisiones meditadas en este momento, evitando hacerlo desde las emociones desagradables que aún pueden seguir apareciendo. En esta etapa la persona recupera su energía para elevar la mirada por encima de la ruptura, se experimenta una sensación de proyecto de futuro, de potencialidades y posibilidades. Por eso, la labor de construir de nuevo una identidad se asemeja a una “segunda adolescencia”.

c. Etapa de recuperación:

         Podemos hablar de recuperación cuando:

  • La expareja deja de estar presente emocionalmente en la vida del otro miembro.
  • Se experimentan emociones de tranquilidad y sosiego.
  • Se deja de mirar y hacia el pasado.
  • Se empieza a ver el futuro con más optimismo y con proyección positiva.
  • Se experimenta sensación de ser capaces de resolver los problemas que se presentan día a día, de disfrutar las actividades y las relaciones.
  • Hay mucha motivación por experimentar y de intentar nuevas cosas, de realizar planes personales y con los/las hijos/as.
  • Se da opción a rehacer la vida con otras relaciones, nuevas parejas.
  • Existe una nueva conciencia de uno/a mismo/a y de las propias necesidades.

3. Hay vida después del divorcio

Como seres humanos buscamos la estabilidad y seguridad que “supuestamente” nos proporciona una relación. Por eso, muchas veces, aunque no seamos felices del todo, preferimos seguir con nuestra pareja antes que la pérdida que implica una ruptura sentimental, cargada de tristeza y sufrimiento.

En muchas ocasiones, al compartir la noticia de la ruptura recibimos el mismo feedback que el que se recibe tras la muerte de un ser querido. Y no es algo que muera, simplemente se transforma.

Como ya hemos dicho, cada ruptura es diferente y la clave principal es intentar ver la ruptura como una oportunidad de transformación y aprovechar todo aquello que se ha aprendido durante la misma para que sirva de ayuda y salir adelante.

¿Qué puedes hacer para conseguir estos cambios?

  • Trabaja tu autoestima. Empieza a cuidarte, quererte, escucharte y hacer todo lo necesario para mejorar el estado de ánimo. Asume la responsabilidad de tu cuidado, aceptando que no hay otra opción que aceptar la realidad. Empieza tu viaje de transformación.
  • Haz un listado de los motivos por los que esa relación no te hacía feliz.  Independientemente de quién decidió la ruptura o si ha sido de mutuo acuerdo.
  • Trabaja el sentimiento de culpa. La culpa inmoviliza. Pide ayuda profesional si es necesario, pero no cargues con ello porque es un peso demasiado grande para poder vivir en libertad.
  • Pide ayuda para poder gestionar tus emociones. Busca apoyos profesionales y personales para poder transitar por este periodo de la forma más sana posible, evitando el estancamiento.
  • Pasa página. Despídete de esta etapa de tu vida, recordando los buenos momentos y conectando con el alivio de haber pasado los malos. Si dudas, revisa el paso 2: recuerda la lista de motivos.
  • Sal del discurso negativo y ponte en forma. Haz deporte, come sano, sal con los/as amigos/as, recibe baños de sol, medita. Todo lo necesario para liberar endorfinas y dopamina y con ello mejorar el estado de ánimo.
  • Busca nuevos retos, aventuras y proyectos personales y/o profesionales. Emociones que llenen tu vida, aprovecha para experimentar placeres nuevos. El movimiento y la acción te lleva a motivarte más.
  • Trabaja tus fortalezas emocionales. Después de un divorcio no sólo existen momentos dolorosos, también hay muchas cosas buenas, rodéate de las personas que te permitan crecer y seguir adelante.
  • Reorganiza tu vida con tus hijos/as. Planifica el tiempo libre, esto te ayudará a fortalecer el vínculo y a reconectar emocionalmente con ellos/as.
  • Redacta un plan de acción. Reinvéntate, decide quién quieres ser, dónde quieres llegar y haz un plan de acción que te permita conseguir tu objetivo.



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