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Cómo ayudarte a superar tu proceso de separación o divorcio

En este artículo hablaremos de las implicaciones emocionales en un proceso de divorcio o separación. Conocer estas implicaciones puede ser de ayuda para quien necesite una guía o brújula en lo que, a veces, puede parecer un callejón sin salida de donde parece imposible salir.

1.Introducción

La separación o divorcio de una pareja es una situación de crisis y tensión que afecta a toda la familia. Es el momento de tomar decisiones importantes sobre qué hacer, de qué manera, cómo abordar la situación cuando hay hijos e hijas, cómo contarlo etc. Es un momento de cambios a nivel personal, familiar y social que afectarán de forma significativa a la vida de todos sus miembros, pudiéndose generar estrés y malestar emocional.

Cada proceso de separación puede ser diferente y hemos de tener en cuenta cómo se ha producido la misma, así como el nivel de relación existente entre sus miembros antes, durante y después. En estas situaciones de crisis, es también fundamental tener en cuenta cuál es el momento de la separación (antes, durante o después de la ruptura) que está experimentando la pareja. Estas diferenciaciones, nos permitirán adaptar nuestra intervención a las diversas características personales, familiares y sociales que se estén dando.

La mayor parte de las parejas que se separan viven un proceso de duelo real que abarca también a los hijos e hijas y en algunos casos a otros miembros de la familia que también participan. La misma separación tiene diferentes significados para cada miembro de la pareja, supone la ruptura de un equilibrio y conlleva el sufrimiento para la pareja. Los sentimientos que surgen en ambos miembros pueden ser muy distintos, pero para los dos es un momento de ruptura muy importante al que tendrán que adaptarse y donde muchas emociones van a entremezclarse. La rabia que se mezcla con la nostalgia y la pena inicial, para más tarde dejar paso a la melancolía, la desesperanza y el desamor. Y a todas éstas pueden añadirse otras como el odio, la culpa, los celos, la envidia y la necesidad o el deseo de controlar al otro.

Las diferencias individuales son en definitiva varias e igual de relevantes en ambas partes: no hay dos separaciones iguales ni dos personas que lo vivan de la misma forma. Sin embargo, científicos sociales han descubierto una serie de etapas en este proceso y comunes a todas las personas.

2. El duelo: fases y etapas de los estados emocionales tras una separación o divorcio.

Un divorcio es una experiencia dolorosa y desagradable para las partes afectadas, se trata de un proceso de pérdida y como tal, implica una etapa de duelo que podemos identificar como fases sucesivas y prototípicas de estado emocionales. Estas etapas suelen verse reflejadas en todas aquellas personas que atraviesan este proceso de separación.

Estas etapas no llevan un orden ni una duración determinada, de hecho, se pueden producir retrocesos y estancamientos en alguna de ellas. Esto es normal, cada persona tiene su ritmo y sus propias necesidades emocionales.

a. Etapa de Shock emocional:

Esta etapa se da principalmente cuando uno de los miembros de la pareja decide separarse y el otro no se lo espera o no es su deseo, aunque sea una relación conflictiva. Ante la noticia del divorcio, el dolor es tan intenso que la mente mantiene a la persona en un estado de entumecimiento, trance e insensibilidad temporal, como forma de protegerse ante tal dolor. Se trata de un mecanismo para poner freno a las emociones que aún no pueden ser afrontadas. Esta etapa puede durar desde unas horas, hasta días e incluso semanas.

b. Etapa de Negación:

Se produce cuando se empieza a tener conciencia de la realidad, es una actitud automática donde se resta importancia a lo sucedido y se mantiene la esperanza de que “esto pasará”, “es tan sólo un enfado”, “volverá seguro, volveremos a estar juntos”, etc. La negación puede alternarse con momentos en los que se siente una falta de control y no se entiende lo que sucede. La persona que pasa por esta etapa intenta normalizar como sino sucediera nada, retomando con ello rutinas, planes y proyectos, creando en la otra parte sentimientos de culpa, tristeza, rabia e impotencia.  Esta etapa es variable en su duración, pero poco a poco se empieza a aceptar que el divorcio es definitivo.

c. Etapa de Caos emocional o “montaña rusa”:

A medida que se va aceptando que el matrimonio ya se terminó se empieza a revisar todo lo esto significa:

  • Reconociendo la pérdida de la relación y de lo que implicaba ésta
  • Los proyectos, planes y sueños de vida juntos
  • Los buenos tiempos y momentos compartidos
  • Pérdida de la intimidad
  • Las vivencias juntos con los/las hijos (embarazo, nacimiento, crianza, etc.)
  • Cambios en la situación económica, familiar, social, etc.
  • Conflictos pasados, peleas y situaciones difíciles, etc.
  • Sensación de fracaso de un proyecto común

Esta situación provoca una amalgama de emociones, todas ellas muy intensas y variadas, que pueden durar días, semanas y meses o pueden cambiar rápidamente, provocando que, en un mismo día, se pase de una a otra rápidamente. Estos cambios repentinos y la sensación de la pérdida de control pueden ser muy angustiantes, aunque son circunstancias absolutamente normales.

Basta un recuerdo, un comentario, una foto por parte de una persona cercana (familiares, hijos/as, amigos/as, etc.), para liberar toda una serie de pensamientos y emociones muchas veces contradictorios.  También ayuda a liberar sentimientos reprimidos que de otro modo permanecerían encerrados como una bomba de relojería emocional.

¿Qué tipo de emociones surgen en este periodo?

  • La rabia: contra la pareja por el sufrimiento que está causando a la otra parte o por no haber evitado la ruptura, y rabia contra sí mismo/a, por no haberse dado cuenta de lo que iba a suceder o no haberlo impedido.
  • Tristeza: por la pérdida de la pareja, ruptura de la relación, por la situación de los/las hijos/as, por la ausencia de la intimidad, por sentir que todo se ha acabado, por sentir que no somos lo suficiente, sentir poca validez, etc.
  • Miedo o angustia: ante un futuro desconocido y difícil, los problemas que hay que resolver, el rechazo o la valoración de las personas que rodean a la pareja y ante el futuro de los/las hijos/as (cómo lo van a afrontar, qué secuelas van a tener, cómo va a ser su futuro, etc.), situación económica y reorganización de la vida en general.
  • Culpa: por haber hecho ciertas cosas o no haberlas llevado a cabo y por dolor que viven los/las hijos/as, los familiares y la propia pareja. Culpa por haber causado daño o por no haber podido poner fin antes, etc.  
  • Vergüenza: por haber “fallado” ante las propias expectativas de futuro en pareja y las de la sociedad.
  • Alivio:  porque ya se acabaron los conflictos, las dudas, los gritos, insultos, desencuentros, etc.

No existe un orden lógico para la aparición, intensidad y duración de estas emociones, cada una puede durar horas, días, semanas o meses y en un mismo día pueden variar. Esta falta de control y estabilidad es normal, cualquier cosa que recuerde a la pareja y al proyecto fallido de la relación puede disparar una emoción muy intensa. Poco a poco se vuelven más estables y así, finalmente, un recuerdo agradable puede resultar más sencillo de superar que antes.

En ocasiones se requiere una ayuda profesional para superar este periodo tan tormentoso. No siempre es fácil transitar por él sin quedarse atacado/a, de ahí la necesidad de un buen acompañamiento psicológico.

  • Etapa de aceptación:

Es la etapa donde empieza a ver una aceptación y entendimiento de lo que está pasando. La persona en esta etapa empieza a poder estructurar su mundo y a tomar decisiones con más lógica y distancia emocional. Aunque siga existiendo momentos de malestar, estos ya no son tan intensos ni tan duraderos. Existen más periodos de tranquilidad y bienestar, y se comienza a reorganizar la vida.

Es importante reflexionar, tomar distancia y tomar decisiones meditadas en este momento, evitando hacerlo desde las emociones desagradables que aún pueden seguir apareciendo. En esta etapa la persona recupera su energía para elevar la mirada por encima de la ruptura, se experimenta una sensación de proyecto de futuro, de potencialidades y posibilidades. Por eso, la labor de construir de nuevo una identidad se asemeja a una “segunda adolescencia”.

c. Etapa de recuperación:

         Podemos hablar de recuperación cuando:

  • La expareja deja de estar presente emocionalmente en la vida del otro miembro.
  • Se experimentan emociones de tranquilidad y sosiego.
  • Se deja de mirar y hacia el pasado.
  • Se empieza a ver el futuro con más optimismo y con proyección positiva.
  • Se experimenta sensación de ser capaces de resolver los problemas que se presentan día a día, de disfrutar las actividades y las relaciones.
  • Hay mucha motivación por experimentar y de intentar nuevas cosas, de realizar planes personales y con los/las hijos/as.
  • Se da opción a rehacer la vida con otras relaciones, nuevas parejas.
  • Existe una nueva conciencia de uno/a mismo/a y de las propias necesidades.

3. Hay vida después del divorcio

Como seres humanos buscamos la estabilidad y seguridad que “supuestamente” nos proporciona una relación. Por eso, muchas veces, aunque no seamos felices del todo, preferimos seguir con nuestra pareja antes que la pérdida que implica una ruptura sentimental, cargada de tristeza y sufrimiento.

En muchas ocasiones, al compartir la noticia de la ruptura recibimos el mismo feedback que el que se recibe tras la muerte de un ser querido. Y no es algo que muera, simplemente se transforma.

Como ya hemos dicho, cada ruptura es diferente y la clave principal es intentar ver la ruptura como una oportunidad de transformación y aprovechar todo aquello que se ha aprendido durante la misma para que sirva de ayuda y salir adelante.

¿Qué puedes hacer para conseguir estos cambios?

  • Trabaja tu autoestima. Empieza a cuidarte, quererte, escucharte y hacer todo lo necesario para mejorar el estado de ánimo. Asume la responsabilidad de tu cuidado, aceptando que no hay otra opción que aceptar la realidad. Empieza tu viaje de transformación.
  • Haz un listado de los motivos por los que esa relación no te hacía feliz.  Independientemente de quién decidió la ruptura o si ha sido de mutuo acuerdo.
  • Trabaja el sentimiento de culpa. La culpa inmoviliza. Pide ayuda profesional si es necesario, pero no cargues con ello porque es un peso demasiado grande para poder vivir en libertad.
  • Pide ayuda para poder gestionar tus emociones. Busca apoyos profesionales y personales para poder transitar por este periodo de la forma más sana posible, evitando el estancamiento.
  • Pasa página. Despídete de esta etapa de tu vida, recordando los buenos momentos y conectando con el alivio de haber pasado los malos. Si dudas, revisa el paso 2: recuerda la lista de motivos.
  • Sal del discurso negativo y ponte en forma. Haz deporte, come sano, sal con los/as amigos/as, recibe baños de sol, medita. Todo lo necesario para liberar endorfinas y dopamina y con ello mejorar el estado de ánimo.
  • Busca nuevos retos, aventuras y proyectos personales y/o profesionales. Emociones que llenen tu vida, aprovecha para experimentar placeres nuevos. El movimiento y la acción te lleva a motivarte más.
  • Trabaja tus fortalezas emocionales. Después de un divorcio no sólo existen momentos dolorosos, también hay muchas cosas buenas, rodéate de las personas que te permitan crecer y seguir adelante.
  • Reorganiza tu vida con tus hijos/as. Planifica el tiempo libre, esto te ayudará a fortalecer el vínculo y a reconectar emocionalmente con ellos/as.
  • Redacta un plan de acción. Reinvéntate, decide quién quieres ser, dónde quieres llegar y haz un plan de acción que te permita conseguir tu objetivo.

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COMO AYUDAR A LOS/LAS HIJOS/AS EN UN PROCESO DE SEPARACIÓN O DIVORCIO

Familia

  1. Introducción

Los/as hijos/as suelen ser considerados las mayores víctimas de la separación de sus padres: su mundo, el hogar que hasta entonces habían conocido, se viene abajo, se rompe todo su equilibrio emocional tras la separación, sufriendo con ello su propio duelo.

Su reacción emocional, el grado de sufrimiento, las características y duración de sus efectos, el modo de interiorizarlo y de superarlo, no se puede generalizar. Dependerá mucho de la edad, del grado de madurez, la personalidad del niño/a y de cómo viva ese proceso, así como del contexto familiar (intensidad y duración del conflicto entre los progenitores) y social (trastornos que la separación ocasiona en su vida, mudanzas, cambio de escuela, situación económica, etc.).

En lo que sí coinciden los especialistas es que el período más crítico del divorcio para los hijos es el año siguiente a la separación, que es cuando sus vidas se reorganizan; trascurrido ese tiempo, comienzan a reducirse los niveles de tensión en el/la niño/a.

En general, los problemas más frecuentes que genera un divorcio en los hijos/as son emocionales. Su vida y su entorno de seguridad cambia de tal manera que es normal que afloren la tristeza, el miedo, el enfado, la culpa o el sentimiento de abandono en mayor o menor intensidad. Estos sentimientos pueden conducir a regresiones en sus comportamientos, bajo rendimiento en el coleproblemas de sueño o alimentación y deseos de reconciliación que nunca se materializan.

  • “No me separo por mis hijos”

Para los/las niños/as sus padres son el centro del mundo, su principal fuente de aprendizaje. Las consecuencias que tiene para un/a niño/a vivir y crecer en un hogar donde los adultos no quieren estar juntos y donde los conflictos son constantes, pueden ser devastadoras.

En un ambiente donde las peleas, los reproches, las malas formas y las faltas de respeto son la tónica general, los/las viven en constante tensión y miedo, ese lugar deja de ser seguro para él o ella. No pueden acudir a sus padres en busca de consuelo y protección porque precisamente ellos están descontrolados.

A veces no expresan lo que sienten por temor a provocar más conflictos, también pueden haber llamadas de atención para que se les haga caso y de esta forma las discusiones cesen. Suelen tener dificultades para expresar su miedo o su rabia, porque no tienen los recursos suficientes para gestionar las emociones que sienten.

Los/as niños/as que viven en un hogar así aprenden que la vida es un conflicto constante, que quererse consiste en sufrir, que los problemas no se resuelven porque surgen una y otra vez, que es a través de las faltas de respeto cómo se resuelven los problemas y que hay que “aguantar” con una pareja aunque no seas feliz porque así es el amor. Esto puede provocar que en la adolescencia tengan miedo a las relaciones de pareja o de intimidad y prefieran no vincularse con nadie, entre otras muchas consecuencias negativas.

Separarse es una situación muy difícil y dolorosa pero no puede ser una excusa no hacerlo por el bienestar de los hijos e hijas. Está muy extendida la idea de que si los padres se separan eso va a provocar un trauma inevitable en ellos/as. Sin embargo, esto depende de cómo se gestione el proceso, si se hace bien, evitaremos provocar problemas en el/la niño/a.

3. Cómo ayudar a los/las hijos/as a minimizar su sufrimiento en una separación o divorcio.

¿Si yo quiero a mamá y mamá está enfadada con papá… ¿Cómo puedo yo querer a papá y no hacerle daño a mi mamá?

Los/las niños/as se ven en medio y crecen en una contradicción que los desestabiliza. No pueden dedicarse a jugar y a vivir despreocupados con esas tormentas de las que son testigos a su alrededor. Debemos ser especialmente sensibles y cuidadosos a la hora de gestionar su propio duelo.

¿Cómo ayudarles?

  • Evitar caer en la manipulación emocional de los/las niños/as, intentando ponerles en contra del otro progenitor y como arma arrojadiza contra éste.
  • No utilizarles como moneda de cambio por conseguir el dinero de la manutención.
  • Evitar insultar y descalificar al otro progenitor delante de los/las hijos/as, así como discutir en un mal tono ante su presencia. Mostrarles un modelo de resolución pacífica de los conflictos surgidos en el proceso. Proteger la imagen y la opinión que los/las hijos/as tienen de su madre y de su padre.
  • A la hora de comunicarles la decisión de la separación: adaptarse a la edad y nivel madurativo del niño/a, no dar más información o detalle de lo que necesiten, darles una información mínima partir de ahí responder a las preguntas que nos vayan formulando.
  • Comunicar la noticia juntos, serenos y habiendo acordado. previamente todos los detalles de lo que quieren decir. De esta manera se les proporciona un mayor clima de confianza y seguridad.
  • Expresar la información de manera clara y sencilla, sin ningún tipo de ambigüedad que pueda dar lugar a la confusión: los papás ya no pueden vivir juntos y a partir de ahora vais a vivir en casas separadas.
  • Transmitir el divorcio como algo definitivo, que no tiene vuelta atrás. Los/as niños/as necesitan estabilidad y expresiones como de momento, por ahora, durante una temporada, ya veremos… alimentan unas falsas expectativas que les impiden aceptar la realidad de la nueva situación. Dejar esta puerta abierta impide a los/las hijos/as hagan el duelo que supone el divorcio.
  • Evitar culpabilizar a nadie. El divorcio es una decisión tomada por dos personas adultas. Los/las hijos/as tienen una madre y un padre y ninguno de ellos tiene que ser percibido como el culpable de la situación.
  • Evitar el chantaje emocional a los/las hijos/as cuando les toque irse con el otro progenitor. Anímalos a ello con amabilidad y cariño para que se marchen contentos y sintiéndose libres.
  • No cuestionar las costumbres de la otra casa delante de ellos/as. Si no estás de acuerdo en algo, háblalo en privado con la otra parte.
  •  Insistirles en la idea de que tanto su madre como su padre vais a seguir queriéndolos tanto o más que antes.
  • Puede surgir el miedo al abandono. En este caso hay que dejarles claro que esto no va a suceder bajo ningún concepto.
  • Una vez tomada la decisión de abandonar el hogar por uno de los progenitores, no demorar el momento. De lo contrario, se estará alimentando en los/las hijos/as una esperanza para la reconciliación. Si no quedan claros todos los detalles, es mejor aplazar la conversación hasta que lo estén.
  • Mantener lo más constantes posibles las rutinas en los/las hijos/as. Colegio, amistades, domicilio.
  • Es importante facilitar la relación con el otro progenitor, salvo en casos extremos donde exista violencia de género (especialmente si la custodia no es compartida). Llamadas de teléfono, mensajes, fotos, visitas presenciales, etc. No pierden ni a su madre ni a su padre.
  • Es responsabilidad de los dos progenitores mantener una buena comunicación con respecto a la educación, salud, normas etc.  para asegurar el bienestar de los/las hijos/as. Es importante mantener cierta coordinación en estos temas.
  • Dejar los planes para hacer cosas todos juntos cuando ya haya una adaptación por parte de todos a la nueva situación, evitar inducir una confusión o falsas esperanzas con respecto a una reconciliación.
  •  No introducir nuevas personas en la vida de los/las hijas hasta tener la suficiente confianza en lo sólido de esa relación, así evitaremos someterlos a nuevas separaciones porque supondría otro nuevo duelo en los/las hijos/as. Además, es una situación dolorosa para ellos/ellas el confirmar que ya no hay esperanzas en la reconciliación y suele producirles sentimientos de celos, rabia y tristeza. Todo esto es innecesario si esa relación no es estable.

En resumen, el divorcio de los padres es una pérdida y como tal la experimentan los/las hijos/as. Podemos amortiguar el dolor que van a sentir después del divorcio, pero en ningún caso lo podemos eliminar.

El respeto mutuo entre los progenitores y el tener siempre presentes el bienestar de los/las hijas y que estos estén en el centro de todas las decisiones, va a asegurar que el camino que emprendamos sea el menos doloroso posible para todos.

 En cualquier caso, son momentos muy difíciles y complicados, por este motivo es recomendable buscar ayuda profesional. Aunque en principio, la mayoría comienzan con buena intención, a veces, debido al dolor que se sufre, es habitual que surjan conflictos. Tener ayuda durante este proceso facilita mucho más las cosas.

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Me rechazan en el instituto

“En clase me rechazan: no quiero ir al colegio/ instituto”

Si vuestro/a hijo/a os confiesa que es rechazado/a o intimidado/a en el colegio o instituto, seguramente ya ha hecho todo lo posible por resolver el problema por su cuenta. Es probable que lleve tiempo sufriendo este rechazo hasta llegar a un punto de no ver otra salida que contároslo. A menudo, a las víctimas de acoso escolar les resulta muy difícil tomar esta decisión, ya que sienten vergüenza o temen que esta confesión les lleve a agravar más la situación. Puede ser por el miedo a las represalias o simplemente por el hecho de “quedar como un chivato/a”.

Si os interesa saber más sobre el acoso escolar y cómo ayudarles, no dejes de leer este artículo.

¿Qué es el bullying?

bullying

La palabra inglesa bullying es el término que se suele utilizar para describir el tipo de acoso o intimidación que un alumno o alumna está expuesto de forma reiterativa y constante a acciones negativas por uno/a o varios/as compañeros/as.

No se trata de los típicos altibajos en las relaciones entre alumnos/as que se dan especialmente en la preadolescencia o adolescencia. Ni tampoco de pequeñas peleas o conflictos surgidos en el juego libre del patio del colegio. Son auténticos malos tratos, que pueden llegar a tener consecuencias muy dañinas para quien las sufre, generalmente en silencio y en soledad.

¿De qué tipo de malos tratos/ bullying estamos hablando?

Los malos tratos se producen mayoritariamente en el recinto escolar, en el patio, en la clase, en los pasillos y, en menor medida, en la salida o fuera del colegio. Suelen ser silenciados por otros/as compañeros/as (observadores pasivos o activos). Normalmente no se atreven a intervenir en defensa de la víctima por temor a que les pueda ocurrir lo mismo. Pueden ser de varios tipos:

  1. Verbales:  insultos, amenazas, humillaciones, vejaciones, etc.
  2. Físicos: patadas, golpes, zancadillas, pinchazos, empujones, destrozos de objetos propiedad de la víctima, etc.
  3. Sociales:  exclusión del grupo, no dejándoles participar directa o indirectamente, difusión de rumores y calumnias, difusión de fotos y vídeos íntimos o humillantes de la víctima.
  4. Psicológicos: Manipulación o chantaje emocional, gestos de desprecio, mentiras y agresividad dirigidas a la víctima.

¿Cómo detectar si tu hijo/a sufre malos tratos en el colegio o instituto antes de contarlo?

Algunos indicios pueden ayudar a detectar un caso de malos tratos entre iguales:

  1. Síntomas físicos: moratones, rasguños y heridas que el niño/a o adolescente no llega a explicar con claridad o lo hace con excusas y justificaciones poco claras (“me he caído, resbalado, me he chocado sin querer con… no sé cómo ha podido ser, no me he dado cuenta, déjame en paz que no es nada…”). Dolores de cabeza, estomacales o de otro tipo cuya causa no es clara y no tiene un origen médico o biológico (enfermedad, infecciones, etc.).
  2. Ropa rasgada, sucia, estropeada, etc.
  3. Cambios en el estado de ánimo sin causa aparente: apatía, tristeza, fatiga, inapetencia, accesos de rabia o ira, llanto incontrolado, irascibilidad, miedo a ir al colegio, etc.
  4. Aislamiento social y familiar: no quiere ir con amigos/as y rehúye las relaciones familiares.
  5. Empeoramiento de su rendimiento escolar: aumento de incidencias negativas, despistes en la entrega de trabajos y tareas, suspensos, déficit de atención y falta de concentración, etc.
  6. Cambio de ruta o excusas para ir por otro camino al colegio o instituto.

¿Qué podemos hacer para ayudarles a frenar el bullying?

Desde el momento en que detectamos un posible acoso escolar en nuestro/a hijo/a o una vez que se decide a expresarnos lo que le está ocurriendo, necesita:

  1. Saber que le escuchamos, entendemos y creemos de forma incondicional. Nuestra escucha deber ser activa, sin juicio ni reproches, dejando ese espacio para que exprese libremente y sienta que somos su lugar seguro.
  2. Transmitirle seguridad y confianza. Que sepa que nos vamos a ocupar del problema, que ya no está solo/a y que le vamos acompañar emocionalmente en todo momento.
  3. Hablar con frecuencia del problema: de todo lo que suceda, progresos o recaídas y de cualquier novedad o incidencia relacionada con él.
  4. Ayudarle a adquirir herramientas de comunicación verbal y no verbal para protegerse y defenderse de manera firme y asertiva.
  5. Ayudarle a recuperar la confianza en sí mismo/a, a potenciar su autoestima y su valía personal.
  6. Hacerle partícipe de las decisiones sobre lo que hay que hacer y los pasos a seguir para frenar el acoso. Escuchándole atentamente y expresándole comprensión en todo momento.
  7. Evitar alterarse o enfadarse con él o ella, sentirse culpables o culparles por lo sucedido, restar importancia al problema, responsabilizar al colegio o instituto, etc.
  • Pedir ayuda profesional: contar con un equipo interdisciplinar de psicólogos/as, orientadores/as del colegio y trabajadores/as sociales e incluso ayuda policial si fuera necesario.
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¿Cuáles son las medidas que podemos tomar?

Una vez conocida la situación no se debe intentar solucionar por nuestra cuenta el problema y mucho menos con los/las agresores/as ni con sus progenitores. Esto agravaría la situación además de sentirse más avergonzados/as o culpables. En cambio, se pueden tomar otras medidas:

  1. Comunicarnos con el colegio o instituto una vez que se tenga clara la situación para que juntos puedan poner en marcha una serie de medidas para poner fin al acoso.
  2. Expresar de manera tranquila, clara y ordenada la información que se dispone al personal del centro (director/a, tutor/a, jefe/a de estudios, etc.).
  3. Hacer saber que deseamos colaborar con la búsqueda de soluciones.
  4. Preguntar sobre la normativa interna del centro en materia de acoso escolar entre los alumnos/as, algo que la mayoría de colegios e institutos han desarrollado.
  5. En última instancia, y si sus iniciativas no consiguen avanzar en la solución del problema, denunciar el caso.
  6. En ningún caso dejar pasar el asunto. El acoso escolar continuado constituye un hecho grave, con graves consecuencias sobre la salud física y mental de los/las menores y en algunos casos sufre sus efectos durante mucho tiempo, llegando incluso al suicidio. Algunos niños, niñas y adolescentes han llegado a afirmar que ser objeto de malos tratos por parte de los/las compañeros/as es lo peor que les ha pasado en su vida.

Conclusiones

Es muy importante animar al niño/a o adolescente a que cuente todo lo que quiera sobre lo sucedido con el fin de tener una idea exacta. No hay que olvidar que lo que estáis escuchando probablemente sólo sea una parte de lo ocurrido. Podéis hacer preguntas con suavidad y delicadeza, con un tono cercano y empático, ayudándole a reflexionar y a decidir qué hay que hacer para resolver la situación. Es muy importante averiguar qué ocurrió, quién estuvo implicado/a, dónde ocurrieron los hechos, cuándo y quiénes fueron testigos.

Pedir ayuda profesional es fundamental para prevenir y actuar cuanto antes en las consecuencias derivadas del bullying. Por ello, proponerle que asista a programas de desarrollo de habilidades sociales y emocionales donde se les ayude a afrontar con eficacia situaciones de acoso escolar: a defenderse de forma asertiva y firme sin sentir miedo o angustia. En próximos artículos, abordaremos la problemática del bullying de forma más detallada con el fin de daros pautas para ayudar a vuestros hijos e hijas a superar esta difícil y dolorosa situación.

En SIpsicología ofrecemos un servicio de terapia infantojuvenil y familiar especializada en problemas de acoso escolar, además contamos con un programa de entrenamiento de habilidades sociales y emocionales para adolescentes a través de un taller continuo de teatro e improvisación.

¡Para más información contactad con nosotros!

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Crisis de pareja después de vacaciones

¿Cómo combatirla? En la actualidad cada vez son más numerosos los casos de separación y divorcio de parejas después de las vacaciones. La mayoría de estas crisis comienzan en el periodo vacacional produciéndose la ruptura una vez acaba éste. Los datos están ahí, la mayor parte de las demandas de divorcio se presentan en el mes de septiembre.

¿Qué es lo que pasa en estos meses que tanto daño hacen a las relaciones? ¿Por qué aumenta tanto la incidencia de rupturas en este periodo? ¿Te encuentras en esta crisis o en el inicio de un enfriamiento emocional? Toma nota, sin duda este artículo te va a interesar.

crisis pareja

¿Por qué aumenta la incidencia de rupturas en la pareja después del periodo vacacional? Tiempo de crisis de parejas

Muchos son los factores que intervienen en la incidencia de crisis y rupturas en la pareja después de las vacaciones, veamos algunos de ellos:

¿Demasiado tiempo juntos?

  • Es un periodo donde pasamos más tiempo juntos y que además solemos compartir con más familia (familia de origen y familia política), esto supone tener que decidir y organizar los planes del día a día. Durante el resto del año, cada miembro de la pareja suele estar ocupado con las labores diarias y las horas compartidas suelen ser escasas y normalmente al final del día, con el consiguiente cansancio y agotamiento. Cuando llegan las vacaciones, la pareja empieza a compartir más momentos juntos. Es aquí donde aparecen la monotonía, la rutina, problemas en la comunicación y una serie de conflictos que comienzan a descubrirse o destaparse debido a la inexperiencia en su resolución, la falta de habilidades para afrontarlos en equipo y la toma de decisiones juntos.

Expectativas idílicas

  • En el paréntesis vacacional salimos de la rutina y del estrés que caracterizan al resto de meses del año, en definitiva, solemos crearnos unas expectativas idílicas y en algunos casos muy ambiciosas con respecto a las vacaciones y el momento de compartir con la pareja. El problema es que en muchas ocasiones estas expectativas no se ven satisfechas.

Diferencias de opiniones a la hora de disfrutar las vacaciones

  • Tener ideas muy diferentes de cómo disfrutar un periodo vacacional (“playa o montaña”) tampoco ayuda a que funcione, esta falta de conexión y de complicidad deteriora aún más la relación y hace más difícil la convivencia. La consecuencia final es que ninguno de los dos miembros está satisfecho por no haber disfrutado esos días de descanso. 

Problemas previos a las vacaciones

  • Si la relación no funcionaba bien antes de las vacaciones, lo de pasar tanto tiempo juntos no lo soluciona, más bien lo agrava. La convivencia es más larga e intensa, los problemas están ahí y su aparición se hace más frecuente (no hay tanta posibilidad de “escape” o distracción), es más difícil mirar “para otro lado” por lo tanto, es un periodo donde se ve claramente la calidad de la relación. No todas las parejas se van de vacaciones en las mismas condiciones, existen parejas que no están pasando por su mejor momento, ya existía distanciamiento aunque vivían juntas y prácticamente ya hacían su vida por separado. Creen que ese distanciamiento se solucionará pasando más tiempo juntos, pero sin saberlo se encuentran en un error porque al llegar las vacaciones afloran todas las discusiones y reproches que llevan guardadas tanto tiempo.

Con tu familia o con la mía

  • Tener la disyuntiva entre “en tu familia o en la mía”. El simple hecho de planificar qué días se pasarán con las familias puede desencadenar un conflicto y condicionar negativamente el desarrollo de las vacaciones. Sea cual sea la elección uno de los dos miembros sale perjudicado.

Discusiones “por y con” los hijos/as

  • Los problemas de convivencia cuando hay hijos/as se hacen más intensos porque pasan más horas juntos: las discrepancias en su educación, los límites, horarios, hábitos de sueño y alimentación, etc., aumentan la tensión, las discusiones y conflictos familiares, sobre todo cuando uno de los miembros de la pareja no está acostumbrado a pasar tiempo con ellos/as.

Diferencias individuales en las rutinas

  • El estrés del día a día en el resto del año muchas veces no se hace visible por las innumerables obligaciones a las que estamos sometidos, pero cuando existe más tiempo libre para disfrutar de la pareja y disponemos de muchas horas sin obligaciones, puede ser un auténtico “volcán en erupción”. Se pueden dar situaciones que pongan al límite la paciencia del otro sin percatarse que es algo que hace durante todo el año sin causar ningún tipo de molestia, por ejemplo: tener distintos ritmos a la hora de levantarse, comer, visitar sitios, hacer deporte, caminar, etc., y en general, diferentes costumbres que pueden llegar a ser muy irritantes para la otra persona.
crisis-pareja

¿Qué podemos hacer para prevenir una crisis en la pareja durante las vacaciones?

Aunque ya ha pasado el verano y nos quedan meses para volver a tener un largo periodo vacacional, no queremos dejar de daros algunos ingredientes que os pueden ayudar a tener unas futuras vacaciones en pareja más positivas y placenteras:

  1. Planificarlas juntos con tiempo suficiente de antelación: expresad qué queréis cada uno e intentad llegar a puntos de encuentro si las necesidades son muy diferentes. Que no haya siempre uno que ceda y otro que imponga.
  2. Encontrad planes que os ilusionen, esto es básico: la ilusión es fundamental para que la relación no caiga en la monotonía y en la rutina (causas muy frecuentes en la ruptura). Dedicad un tiempo a hablar sobre vuestros sueños, deseos y planes juntos.
  3. Intentad no hablar en este tiempo de trabajo, problemas económicos u otros problemas diarios. Descansad de ellos y dedicarles el mínimo tiempo.
  4. Distribuid el tiempo: que haya para todo y para todos (actividades, ocio, descanso, tiempo con los hijos e hijas, etc).
  5. Encontrad momentos exclusivos en pareja donde lo que prime sea cuidar la relación (cenas, paseos, momentos a solas cuando los hijos se van a dormir, etc.). Sin tecnologías que os distraigan y os desconecten del otro (móviles, tablets, televisión, etc.).
  6. Evitad que las vacaciones se reduzcan a pasar todo el tiempo con las familias (de origen o política). Necesitáis tiempo juntos y para ello es fundamental separar los tiempos que dedicáis a cada una de ellas.
  7. Encontrad momentos solos, donde podáis pasear, meditar, disfrutar de vuestras aficiones y gustos, hacer ejercicio o cualquier actividad en solitario. Es importante diferenciar el tiempo individual del tiempo compartido.
  8. Practicad una buena comunicación: dedicaros tiempo para escucharos y entender lo qué piensa el otro, comprender cómo os sentís cada uno. Es necesario daros ese espacio donde ambos podáis compartir vuestras ideas, sentimientos, pensamientos, opiniones, sueños y deseos. Sin juicio ni reproches. Hacedlo desde la comprensión, la empatía y el cariño.

Buscar ayuda para solucionar la crisis de pareja: Terapia de pareja

crisis de pareja

Después de las vacaciones, aumentan las demandas de terapia de pareja, ya que son muchas las relaciones que no resisten la convivencia juntos tantos días. Aunque suelen ser el detonante de la crisis, la realidad es que gran parte de estas parejas ya tenían dificultades previas, lo que hacen las vacaciones es destaparlas.

En nuestras sesiones de terapia de pareja vemos que las complicaciones y las crisis ya tenían un origen anterior en el tiempo. Si tenéis dudas o estáis en crisis no dudéis en buscar ayuda profesional antes de tomar decisiones, podemos ayudaros a reflexionar de forma pausada y sosegada la decisión de iniciar o no un proceso de separación o divorcio o apostar por seguir construyendo juntos y solucionar vuestra crisis de pareja.

En este proceso es muy importante la comunicación, por lo que es esencial respetar al otro miembro de la pareja, comprenderlo, utilizar la empatía y la valoración de sus opiniones. Realizar este camino de mejora permite a la pareja crecer y construir un futuro juntos, mejorar el bienestar personal de forma individual y en la relación compartida.

En muchas ocasiones vemos parejas rotas que no se deciden a dar el paso por sus hijos: esto sólo lleva a empeorar las cosas a todos los miembros de la familia en general y a los pequeños/as en particular. Las consecuencias que tiene para los hijos/as vivir y crecer en un hogar donde los adultos no quieren estar juntos, donde los conflictos son constantes y la convivencia está rota, son demoledoras.

Los padres y las madres somos el espejo donde se miran nuestros hijos e hijas. En próximos artículos hablaremos de estas consecuencias y de cómo afectan a su desarrollo.

En Sipsicología contamos con profesionales muy cualificados especialistas en terapia de pareja y familiar. Os ayudamos a mejorar vuestra relación de pareja y si finalmente decidís dar el paso para vuestra separación o divorcio, os acompañamos en el proceso.

Para más información llámanos al teléfono: 644636018

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