¿Y si quedamos para escucharnos?

El arte de escuchar de manera activa y empática.

¿Sueles escuchar? En una reunión con amigos/as te han invitado, hay quien cuenta “batallitas”, anécdotas, otras personas  expresan quejas, otras sus éxitos recientes, otras sus experiencias en el trabajo, con la pareja, etc. Todo el mundo está ahí, ansioso por hablar, por contar su historia. De pronto te das cuenta de que nadie se está escuchando. Mientras las conversaciones siguen te das cuenta de que los ojos de la gente están distraídos, mirando  hacia otro lado, vagando… Probablemente están ensayando sus propios comentarios, el encuentro parece ser un éxito pero la gente se va a casa sin haberse escuchado ni conocido.

Escuchar es una técnica esencial para hacer y mantener amistades, lazos familiares y laborales. Si eres una persona que escucha bien, notarás que el resto de las personas que te escuchan también se ven atraídas por ti, las amistades confían más en ti y tus relaciones se hacen más profundas. El éxito aumenta porque escuchas y entiendes a la gente: sabes qué le ofende y enfada, qué le gusta y fascina, qué le duele y a qué temen. Les conoces más y mejor.

Pero aunque escuchar parece una tarea fácil, no lo es. Vivimos en un mundo de prisas, estrés, obligaciones y nuevas tecnologías que hacen muy difícil pararse a escucharse. En este artículo hablamos de la importancia de la escucha activa y de cómo potenciarla.

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Escuchadores verdaderos frente a pseudo-escuchadores

Es peligroso no escuchar. Pierdes informaciones importantes y no ves venir los problemas. Cuando intentas comprender por qué la gente hace las cosas tienes que leerle el pensamiento y adivinar lo que dice para rellenar las lagunas de tu escucha. Escuchar significa saber cómo se sienten los demás y cómo ven el mundo, y esto quiere decir poner a un lado tus prejuicios y creencias, tus ansiedades y tu interés personal. Escuchar significa decir a los demás: “Me importa lo que te pasa, tu vida y tus emociones son importantes”, y además tiene camino de vuelta: los demás responden a tu disponibilidad para escuchar demostrándote su amistad y cariño, les estás enseñando a escucharte.

El estar en silencio mientras la otra persona está hablando no siempre quiere decir que estemos escuchando realmente. Una verdadera escucha se basa en la intención y atención plena en hacer lo siguiente:

  • Querer entender y comprender a alguien
    • Disfrutar con alguien
    • Aprender algo de alguien
    • Ayudar o consolar a alguien

La clave para escuchar de verdad y realmente es querer y proponerse hacerlo. Lamentablemente muchas personas pseudo-escuchadoras hacen como si lo hicieran de verdad, pero su intención no es la de escuchar sino la de satisfacer otras necesidades como: hacer que la gente piense que está interesado para gustarle, estar pendiente de si va a ser una persona o no rechazada, escuchar sólo lo que le interesa filtrando lo demás, ganar tiempo para preparar su próxima opinión, escuchar a medias para que alguien le escuche, escuchar puntos débiles para aprovecharse de ellos, etc.

Pero no todo el mundo es pseudo-escuchador, se empiezan a mejorar las relaciones cuando las escuchas son reales, es decir, con la intención de entender, disfrutar, aprender y ayudar.

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Bloqueos a la hora de escuchar

Existe una serie de bloqueos a la hora de escuchar. Todo el mundo utiliza alguno de ellos, es normal y habitual que muchos se repitan y sean muy familiares. Aquí tienes la oportunidad de conocerlos y ser más consciente de ellos para evitarlos:

  1. Comparar: Significa estar todo el tiempo intentando evaluar quién es más inteligente, hábil, competente, etc., si tú o la otra persona. Hay gente que se centra en quién ha sufrido más, quién lo ha pasado peor, quien tiene más éxito, etc. No se puede asimilar muchas cosas porque estás demasiado pendiente en medir si estás o no a la altura.
  2. Leer el pensamiento: significa tratar de adivinar lo que la otra persona está pensando y sintiendo realmente. Esto hace que no prestes atención a lo que dice y tan sólo te centres en su tono de voz y gestos corporales tratando de llegar a la verdad. Te pierdes información porque estás todo el tiempo suponiendo cómo reacciona la gente frente a ti.
  3. Ensayar: No tienes tiempo de escuchar si estás todo el tiempo preparando lo que vas a decir y este ensayo acapara toda tu atención. Tienes que aparentar interés pero tu mente viaja mucho más lenta porque tienes tu propia historia que contar y toda una cadena de respuestas. Es lo que llamamos “escucha paralela”.
  4. Filtrar: Escuchar sólo algunas cosas y prestar atención sólo a los estados emocionales de la otra persona: ver si está o no enfadada, disgustada o incómoda contigo, o sentir que tú estás emocionalmente en peligro. Cuando hay seguridad de que no ocurre nada de esto, tu mente empieza a distraerse en otras cosas. Te desconectas de la otra persona.
  5. Juzgar: Etiquetar a la otra persona mientras habla (incompetente, aburrida, déspota, etc.). Esto provoca que no prestes atención a lo que dice, porque ya lo has clasificado y empiezas a reaccionar de manera inconsciente retirando tu atención. Una regla de oro es juzgar sólo después de haber escuchado el contenido del mensaje.
  6. Identificarse: Coger lo que la otra persona dice y relacionarlo con tus experiencias pasadas. Te lanzas en tu historia antes de que el otro haya terminado la suya. Todo lo que escuchas te recuerda algo que has sentido o te ha pasado e impide que llegues a escuchar de manera atenta y activa.
  7. Aconsejar: Estar siempre preparado para ayudar y aconsejar lo que tiene que hacer la otra persona antes de que termine de contarte su historia. Pero mientras estás preparando las sugerencias puedes perderte lo más importante. No llegas a conocer realmente lo que le pasa ni se va a sentir acompañada.
  8. Discutir: La otra persona nunca se siente escuchada porque enseguida saltas para rebatir su opinión queriendo imponer la tuya. Tu atención está centrada en buscar argumentos para no estar de acuerdo. Hacer callar a la otra persona es otra forma de discutir y de bloquear la escucha.
  9. Tener razón: Quiere decir que harás todo lo posible para evitar equivocarte: tergiversar, levantar la voz, poner excusas, hacer acusaciones, etc. No puedes escuchar las críticas y no te pueden corregir ni darte sugerencias para cambiar.
  10. Cambiar de tema: Descarrilar el tren de la conversación cuando ésta te aburre, te incomoda el argumento o te provoca ansiedad lo que se está hablando. Utilizas la broma, el sarcasmo o saltas con una ocurrencia que no tiene nada que ver con el tema de conversación.
  11. Agradar: Intentar ser amable, agradable, correcto y reconfortante para la otra persona para tratar de gustar e impresionar. Para ello, estás de acuerdo con todo. Puedes escuchar a medias, lo justo para darte cuenta de qué va la conversación pero nunca tienes una atención plena en ella.

Cuatro pasos para escuchar eficazmente:

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Escucha activa: Requiere tu participación y atención plenas. Para entender por completo el sentido de una comunicación tienes que hacer preguntas y retroalimentar. De este modo, en el toma y daca que sigue, entiendes y comprendes mejor el mensaje. Es necesario colaborar con toda tu presencia y tus cincos sentidos en el proceso de comunicación, dejando de hacer escuchas paralelas y cualquier otra cosa que interfiera en la misma.

Escucha empática: Escuchar con apertura mental, es decir, entendiendo el punto de vista de la otra persona aunque no estés de acuerdo y sea diferente a la tuya. Ser capaz de comprender cómo se siente aunque no te haya pasado a ti o no esté en consonancia contigo. La regla más importante para escuchar de manera empática es dejar que hable antes de juzgar lo que dice, evitando una evaluación prematura.

Escuchar con conocimiento: Comparando todo lo que se te ha dicho con tu conocimiento personal de la historia, de las otras personas y de los hechos. Todo esto sin juzgar, simplemente anotando cómo encaja la comunicación con los hechos conocidos. Otra forma es la de observar la coherencia entre el lenguaje verbal y no verbal: si el cuerpo, la cara y la voz  no concuerdan con las palabras, tu tarea como oyente es aclarar y reaccionar ante esta discrepancia, no te quedes con un mensaje confuso.

Escucha total: para escuchar de una forma total:

  • Mantén un buen contacto visual: mira a los ojos sin invadir ni distraer la mirada.
  • Inclínate ligeramente hacia adelante
  • Parafrasea lo que dice la otra persona
  • Haz preguntas para aclarar
  • Haz gestos y sonidos de asentimiento
  • Postura abierta y orientación dirigida a la persona que habla
  • Empatiza con sus emociones y sus puntos de vista aunque no estés de acuerdo con ellos.
  • En nuestros talleres de habilidades comunicativas podrás aprender técnicas de escucha activa muy útiles para mejorar tu comunicación. No dudes en pedirnos ayuda para seguir avanzando.

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